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¿Por qué a veces hay regocijo en sufrir?

¿Por qué a veces hay regocijo en sufrir?

El sujeto no sólo busca el placer, por disparatado que parezca. Existe una forma de satisfacción mediatizada por el dolor y el displacer, una que anuda la pulsión de muerte a la de vida para empujar al sujeto al exceso, al bordeamiento de lo insoportable.

Esta suerte de placer doloroso, esta satisfacción paradojal que el sujeto extrae de su síntoma, es el goce. Se puede gozar de la queja, del trabajo excesivo, del amor no correspondido, de la sobreingesta y la restricción alimentaria o del uso de sustancias, pornografía o redes. En especial, el sujeto goza de lo que dice no querer, pero de algún modo consiente.

El goce no es el placer, sino su exceso. Tiene que ver con la particular gratificación que el sujeto obtiene de su propio modo de padecimiento. Así, en el Seminario 7, Lacan afirma que “el goce comienza allí donde el hombre deja de consentir al placer”. Allí donde lo gratificante se topa con lo mortificante y, pese a ello, el sujeto no deja de insistir.

Por un lado, estamos atravesados por una búsqueda de placer equilibrada y vitalizante; por otro, por una tendente al exceso y emparentada con la muerte. Esta última, si bien puede conllevar sufrimiento, no es totalmente eliminable. De hecho, cierto arreglo de goce es necesario y tiene función de sostén. Los pacientes buscan ayuda y empiezan su análisis cuando la dimensión displacentera del goce se vuelve predominante, convirtiéndolo en fuente de sufrimiento.

El psicoanálisis no busca eliminar el goce, sino hacer algo con él: situarlo, reconocerlo y darle un lugar en la palabra. Tratarlo de extirpar equivale a forzar su retorno en el cuerpo o en el síntoma. Si se le da un lugar en la palabra, puede transformarse en un saber y una creatividad singulares a cada modo de ser.

Habitar el goce no es abandonarse al sufrimiento, sino reconocer ese punto donde el deseo se enreda con el límite y aprender, poco a poco, a hacer algo con eso que nos excede y que nos aleja del otro. Quizá lo insoportable consista en aferrarnos al goce por y para repetir el exceso que nos hiere.