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¿Por qué tropiezo con la misma piedra?

¿Por qué tropiezo con la misma piedra?

La compulsión de repetición, que nos hace proponer y padecer reiteradamente lo sufrido, podría considerarse una suerte de ensañamiento del inconsciente. Pero uno, además de inevitable, necesario, ya que puja por alertar, por hacer retornar para integrar.

Lo que vivimos, especialmente durante el desarrollo, nos constituye. Los sucesos de orden traumático que, en alguna medida, todos atravesamos, son reprimidos para podernos sostener. La carga afectiva asociada, expulsada de la conciencia por desestructurante, pasa a regirnos a través de la actuación o pasaje al acto: actuamos lo sucedido por no poder significarlo y, precisamente, para evitar el desgarro que acompañaría su significación; esto es, su entrada en lo simbólico, su incursión en la palabra.

Dicha repetición confronta una y otra vez con sus efectos, generando a su paso malestar en forma de sintomatología. Esta solución de compromiso, si bien anestesia y sostiene frente al dolor, avoca a su perpetuación. Simultáneamente, podría decirse que, al hacernos repetir, las fuerzas inconscientes nos brindan oportunidades de reelaboración a través del espejo que es el otro: “Entérate”.

Recordar, repetir y reelaborar, que diría Freud.

Atención a la repetición. Ahí el conflicto. Ahí la tarea.