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¿Por qué tengo estos síntomas?

¿Por qué tengo estos síntomas?

Los síntomas son manifestaciones que constituyen, por sí mismas, una notable fuente de malestar. Son, además, el principal motivo de consulta: “Vengo porque últimamente bebo demasiado”; “Tengo un nudo en la garganta, siento que me ahogo, que no me salen las palabras”; “Tengo dificultades para mantener relaciones sexuales”; “Me decidí a venir porque, en esta última discusión, exploté y terminé pegándole un puñetazo a la pared”.

Pero, ¿Qué significa que los síntomas sean manifestaciones? Que remiten a una causa subyacente que, inadvertidamente, los origina. Es decir, el síntoma constituye un mensaje o advertencia que invita al sujeto al análisis de su raíz, al indagamiento del porqué que denuncia y del que, simultáneamente, constituye una solución de compromiso: a saber, una forma de relación con lo inconsciente, una suerte de suturado de la herida de estar vivos.

El psicoanálisis, a diferencia de otros modelos terapéuticos, no concibe el síntoma como el problema en sí mismo, sino como el resultado de la conflictiva entre deseos mutuamente enfrentados. Constituye un significante, por lo que no conforma un índice que, por sí mismo, apunte a un sentido o solución universal; conforma entonces un producto de la historia singular del sujeto, de su estructuración. Por más que haya cocainómanos, ninguno consume por el mismo motivo. Ningún sujeto debe a una misma causa su síntoma, ni se relaciona de igual forma con el mismo, por más estandarizable que sea.

Tratar el síntoma es interrogarlo, sonsacarle respuestas; en apariencia, desatenderlo: no combatirlo directamente. Confrontar el síntoma sin explorar su causa, equivale a recrudecerlo o perpetuarlo. Por más medicado que esté, por más “controlado” que esté, remover un síntoma es, precisamente, generar las condiciones para su sustitución o reemergencia.

El conflicto volverá a asomar la cabeza a través de otro significante; se metaforizará, se hará carne para hacer valer de otra manera “la verdad que toma forma”, que diría Lacan.